Si fuéramos una única comunidad regional
08/12/2010
Es increíble que a estas alturas de nuestra historia contemporánea, nuestros
países aún no logren una civil convivencia no sólo como países limítrofes,
sino como integración en una única comunidad regional integrada por todos los
países centroamericanos, por no decir, latinoamericanos. Sólo la unión hace
la fuerza y nos lo demuestra a nivel político, económico y cultural, la creación
de los 27 países miembros de la Unión Europea.
La Unión Europea es un ejemplo de integración regional, probablemente el más
importante que se haya dado nunca, no obstante sus integrantes han sido objeto
de disputas y guerras que han atravesado toda su historia. Basta pensar que en
las dos guerras mundiales del siglo XX, sus países estaban en guerra unos
contra otros, provocando millones de muertos y una economía desvastada. Donde
existen guerras, no hay vencedores ni vencidos ya que, como dice Víctor Hugo,
“el éxito de una guerra se mide por la cantidad de daños que causa”. No es
un caso, que las primeras raíces de la futura Comunidad europea surgen de la
catástrofe de la última guerra mundial gracias a grandes estrategas políticos
que tuvieron una perspectiva de futuro, superando rencillas, rencores y
nacionalismos. Políticos que tuvieron un sentido de Estado que hay que
construir y desarrollar. De hecho, etimológicamente, “comunidad” procede
del latín arcaico “communis”: com + munis que significa “corresponsable”,
cooperante que colabora a realizar una tarea.
Gracias a la creación de una única comunidad regional, las ventajas han sido más
beneficiosas que las mismas desventajas que las sufren más quienes no son
ciudadanos de la Unión Europea, sobre todo los inmigrantes. Pero para quienes
pertenecen a la Comunidad, alrededor de 500 millones de personas, se han abierto
perspectivas que si hubieran quedado aislados como pequeños países, estuvieran
excluidos del protagonismo internacional que tiene voz. Señalo al menos siete
ventajas:
- Reducción de los costos administrativos y burocráticos. Eliminando las
aduanas, el comercio fluye con mayor facilidad; cada país se puede especializar
en los sectores más convenientes, ofreciendo una mayor producción y de mejor
calidad, tutelado por los acuerdos previstos por la legislación europea que
favorece los acuerdos de cooperación entre los países miembros.
- Con alrededor de 500 millones de habitantes, su mercado tutela sus
consumidores y abre las perspectivas de enfrentarse a un mercado internacional
de manera competente y fuerte; con la creación de una moneda única, todos los
países que utilizan el euro, disminuyen el temor a perder los beneficios de las
devaluaciones y los estados miembros deben presentar indicadores económicos
equilibrados.
- Se busca cada vez más, la armonización de las legislaciones nacionales,
adoptando generalmente los modelos más avanzados (educación, fiscalidad,
finanzas, etc.).
- La Unión Europea se fortalece frente al terreno internacional: negociar con
ella es hacer cuentas con una de las mayores potencias económicas del mundo.
- Sus ciudadanos pueden circular libremente y con facilidad en sus países
miembros, aumentando de igual manera, las posibilidades de formación.
- Se favorece el mercado del trabajo porque cualquier persona con ciudadanía de
la comunidad, puede desplazarse a cualquier país donde exista ofertas de
trabajo.
- La política de la Unión Europea es animar a todos sus ciudadanos a ser
capaces de hablar dos lenguas además de su lengua materna. Las lenguas
oficiales de la UE son 23, pero son consideradas cinco las lenguas secundarias:
inglés, alemán, francés, español y ruso --no obstante Rusia no haga parte de
la UE-- , seguidas por el italiano.
Teóricamente, en relación con la región europea, nuestros países tendrían más
facilidad para crear inicialmente una comunidad regional centroamericana ya que
nos une una historia común, un mismo idioma, costumbres y raíces culturales
semejantes. Pero no lo hemos hecho porque falta aún en la región
centroamericana una visión de futuro más amplia, de estadistas que superen la
mentalidad de administrar estados y no fincas; de estar por encima de intereses
personales y de nacionalismos peligrosos porque no hacen más que exacerbar
estados de ánimos que desvían la atención a los problemas reales que sufren
la mayor parte de los centroamericanos: pobreza, salud, educación, violencia,
trabajo. Si queremos el desarrollo, debemos prepararnos al desarrollo; si
queremos la paz, debemos construir la paz.