Relaciòn Seminario Internacional Lima

LA EDUCACIÓN EN CONTEXTOS DE VIOLENCIA: LA EXPERIENCIA DEL MOJOCA

 

En el 2005 colaboré con el prof. Lutte, a una investigación participativa en Ciudad de Guatemala con el Movimiento de Jóvenes de la Calle (Mojoca) para reflexionar sobre la filosofía del Movimiento e identificar cuál metodología pedagógica era válida para una educación liberadora, partiendo de la escucha de las necesidades concretas de las y los jóvenes de la calle. Una pedagogía a partir de la horizontalidad, siguiendo el principio de la amistad liberadora y la pedagogía de la liberación, que no tuviera en cuenta sólo la necesidad de la escolarización, sino de una educación integral, centrada en todo el proceso de crecimiento personal y su entorno.

 

Realizamos por varios meses con el personal del Mojoca, con  voluntarias y  con la participación de las mismas muchachas y muchachos de la calle, al menos un centenar de encuestas y entrevistas a los distintos grupos de jóvenes que viven en la calle y que se autodenominan con los nombres de la zona donde radican: grupo de la Bolívar, calle 18, parque Concordia, parque Central, Amate, La Casona, etc. La edad media de las muchachas y muchachos que vivían todavía en la calle era  alrededor de 16 años. Una minoría superaba los 18 años.

 

Los resultados fueron sorprendentes, sea por la capacidad de análisis crítica de los jóvenes que por la profundidad de sus reflexiones. Una respuesta fue unánime en todos los grupos: es en el momento que se sienten reconocidos como personas, llamados con su nombre, que los anima a participar en las actividades del Movimiento.

 

Esta es la primera necesidad vital que emergía: el reconocimiento de ser personas y ser tratadas como tales.

 

Otras respuestas también fueron interesantes y se referían al deseo de los jóvenes de  estudiar. A menudo semi-analfabetas y con muchas lagunas de estudios, junto a un recuerdo poco acogedor del ambiente escolar. Algunos habían cursado hasta el tercero o cuarto grado de primaria, pero por razones de la misma exclusión de la escuela que tiende a estandarizar la educación, la falta de interés en las materias o la  poca estimulación de los maestros, la habían abandonado, junto a la decisión de alejarse de la familia y su entorno. La propuesta de cómo estudiar de manera alternativa, debía  por esto, nacer de ellos mismos.

 

Como perspectivas de futuro, se imaginaban personas que formaban una familia, terminaban sus estudios y encontraban un trabajo.

 

Esta investigación confirmaba lo que en realidad ya se estaba haciendo en el Mojoca a raíz de su creación: la importancia de acompañar a los jóvenes en una educación integral que les ayudara a salir de su condición de marginación, no sólo a través de un inicio o continuación de los estudios, sino también por medio de un proceso de concienciación de su condición de marginados, partiendo de su participación a las decisiones, promoviendo el espíritu crítico y el compromiso social y político contra las causas de la pobreza. El objetivo principal del proyecto no es convencer a los jóvenes a salir de la calle o reinsertarlos en la sociedad, sino el de concientizarlos en su dignidad humana, en la reivindicación de sus derechos, en la apropiación de su ciudadanía. Sólo en un segundo momento, si lo solicitan, se les ayuda en la planificación de un posible proyecto de vida alternativo a la calle. Todo esto se realiza a través de 4 fases de las que hablaremos más adelante.

 

Desde su nacimiento en el 1996, el Movimiento se construyó partiendo de la vida en la calle con sus valores, sobre todo la solidaridad, donde todo se comparte. El sueño era  crear un movimiento autogestionado por los mismos jóvenes de la calle. Esto se logró sólo 10 años después, en el 2006, luego de una asamblea general de los muchachos y muchachas de la calle que decidieron dar el salto a la completa autogestión, o sea sólo los muchachos y muchachas pueden tomar las decisiones mientras los adultos tienen sólo un rol de consejeros, tienen derecho de voz pero no de voto. 

 

Actualmente el Mojoca está organizado por:

 

La asamblea de las muchachas y muchachos de la calle que elige el comité de gestión y aprueba los programas y presupuestos preventivos y consuntivos, antes que los mismos sean presentados a la asamblea de la asociación.

El comité de gestión compuesto por nueve jóvenes, en mayoría muchachas, y está encargado de tomar todas las decisiones para actuar las voluntades de la asamblea general. Comprende una presidenta o presidente, una vice-presidente, una secretaria, y seis responsables de los programas.

El equipo técnico, compuesto por los acompañantes que tienen la tarea de aconsejar el comité de gestión y los jóvenes encargados responsables de los distintos programas.

El equipo administrativo, que se ocupa de la búsqueda y gestión de los recursos, de la manutención de la casa y de los equipos, está compuesto por una administradora, una responsable de la contabilidad, una secretaria y una muchacha del comité de gestión.

El equipo de coordinación de los programas, compuesto por el presidente y vice-presidente del Mojoca, por el fundador y un asesor.  Supervisa el trabajo de manera que sea realizado bien respetando la planificación y coordina las actividades de los distintos programas de manera que puedan concordar de manera armoniosa en el desarrollo de los objetivos generales del Movimiento.

 

Los instructores, encargados de los talleres de costura, pastelería, cocina y carpintería.

 

Las voluntarias y voluntarios guatemaltecos y de otros países.

 

 

Las 4 fases del proyecto educativo del Mojoca (extraído del libro de G. Lutte, “Princesas y soñadores por las calles de Guatemala”)

 

PRIMERA FASE: trabajo de calle

 

El movimiento se construye en la calle con sus numerosos grupos de muchachas y muchachos que ahí viven. Con ellos se decide qué hacer para responder a sus necesidades vitales: limpiar juntos el lugar donde viven, cuidar de la higiene personal, hacer frente a las emergencias, a las olas de frío, a los ataques de los escuadrones de la muerte o de sectas religiosas, a las redadas de la policía. Cada día tres o cuatro grupos de trabajo compuestos por un joven del comité de gestión y un acompañante, encuentran los distintos grupos de la calle. Les proponen distintos tipos de actividades que tienen el objetivo de favorecer la formación de relaciones de amistad, de concienciarlos y favorecer una organización del movimiento en la calle. Las actividades son distintas: deporte, paseos, actividades expresivas (teatro, circo, diseño y pintura), debates de temas varios, investigaciones y observatorio sobre la violencia que golpea a particulares y a grupos, actividades para la prevención del Sida y de otras enfermedades, cuidado de la salud y de la higiene personal y del lugar donde viven. Una importancia particular es dada a la alfabetización en la calle que les permite  tener un título de estudio, reconocido por el Ministerio de Educación.

 

 

SEGUNDA FASE: escuela de la amistad y aprendizaje de un oficio

 

En una segunda etapa, las muchachas y muchachos que deciden de hacer parte del movimiento, entran a la casa de la amistad. Firman un contrato que esclarece sus derechos (uso de las duchas y lavaderos, comidas, cuidado de la salud física y psíquica, asistencia legal, etc.) y sus deberes (respetar las normas de la convivencia redactadas por ellas mismas, empeñarse en uno de los cuatro talleres – costura, pastelería, cocina y carpintería -, hacerse cargo de ellas mismas y de sus compañeras y compañeros de la calle).

 

El objetivo de la escuela y del aprendizaje de un oficio no es sólo  obtener un título de estudio, sino también  dar una formación socio-política que permitirá a estos jóvenes volverse cuadros del Mojoca y del movimiento popular.

 

En la escuela, reconocida por el Ministerio de Educación y habilitada a dar diplomas oficiales, trabajan tres maestras diplomadas que son también encargadas de la biblioteca, de los seminarios de lectura y de escritura y, para los alumnos y alumnas que asisten a escuelas externas, del apoyo escolar, una vez a la semana. Los programas con los que trabajan son adaptados a las necesidades de las muchachas y muchachos de la calle y a la toma de conciencia de las causas sociales de su condición y de la necesidad de organizarse para cambiar la sociedad.

 

La segunda fase es un tiempo importantísimo en la formación de las muchachas y muchachos de la calle. El tiempo en que son llamados a un cambio radical de vida, a una re-estructuración de su personalidad, a la formación de una nueva identidad y al distanciamiento de la droga, condición indispensable para realizar un proyecto de vida alternativo a la vida sin proyectos y sin reglas. Asistir cada día a la escuela o a un taller de formación profesional, significa aprender a respetar horarios y compromisos, a vivir con amistad con los otros, a controlar la agresividad. En esta fase, por esto, es importantísimo el apoyo con amistad y para quien lo quiere, el apoyo psicológico que permita de realizar un proyecto de vida.

 

La muchacha o muchacho cuando se vuelve capaz de asumir la responsabilidad de los otros, se vuelve socia o socio a pleno título del movimiento y puede ser elegido en la coordinación.

 

TERCERA FASE: reinserción en la sociedad con una habitación y un trabajo

 

Las muchachas y muchachos que quieren salir de la calle, pueden aprovechar  varias oportunidades:

 

Casa 8 de marzo.

 

La casa hospeda las muchachas decididas a salir de la calle, durante todo el tiempo necesario a la preparación de una vida autónoma en la sociedad. Muchas de estas muchachas son jóvenes madres que piden hospitalidad también para sus hijos e hijas. La casa es autogestionada por las muchachas que ahí viven y deciden como repartir los trabajos de la cocina, la limpieza de la casa, las actividades del tiempo libre y de formación, los permisos para pasar el fin de semana con la familia o el novio. Durante el día, los niños asisten a la guardería o a la escuela materna, mientras sus mamás van a trabajar o asisten a la escuela o un taller profesional del Mojoca. La casa sirve también para acoger las muchachas que tienen un grave problema de salud o son víctimas de violencia en su familia o son amenazadas de muerte.

 

Las mismas muchachas deciden cuando están listas para salir de la casa, después de haber discutido con las otras sobre la oportunidad de esta decisión, o sea, si ya están listan para enfrentar una vida autónoma, si tienen un trabajo que les permite  mantener sus hijos, si saben administrar el dinero y educar con ternura sus hijos, y si han adquirido una estabilidad emocional y se han desprendido del uso de drogas.

 

 

Casa de los amigos.

 

Es una casa-hogar para los muchachos con funciones semejantes a la casa de las muchachas. Los jóvenes no viven con sus hijos y no corren los mismos peligros de las muchachas de la calle, por esto, la “casa de los amigos” interviene también en casos de necesidad por urgencia, cuando durante la noche o los días festivos, el centro educativo está cerrado.

 

Inserción en una habitación propia

 

Las muchachas y  los muchachos que quieren comenzar una vida independiente, pueden pedir ayuda para el alojamiento que consiste en una subvención de tres meses para pagar el alquiler de un cuarto y la alimentación de base. Reciben una ayuda psicológica en esta difícil fase de transición en que se encuentran separados del grupo en el cual han vivido en la calle o en una de las casas del Mojoca. El grupo de trabajo de la reinserción ofrece un apoyo al menos por un semestre, para aconsejarles en caso en sus nuevas tareas; administrar la casa, mantenerla limpia, pagar regularmente el alquiler y vivir en armonía con los hijos y, eventualmente, con su compañera o compañero.

 

Inserción en el mundo del trabajo

 

Para poder vivir afuera de la calle, es necesario tener un trabajo que permita  vivir una vida digna para si mismo y para la propia familia, sin recurrir a medios ilegales de subsistencia. Este objetivo no es fácil de alcanzar, porque la desocupación golpea la mayor parte de la población de Guatemala y aunque para las muchachas y muchachos que salen de la calle, han estudiado poco y son víctimas de prejuicios, particularmente cuando tienen un tatuaje. En empresas como McDonald o Burger King, tienen que pasar por un control médico y si tienen el mínimo tatuaje, no son asumidos. Para la inserción en el mundo del trabajo, se privilegia la constitución de micro-empresas de producción y, sobre todo, de venta. Esta forma de trabajo parece la más adecuada para las muchachas y muchachos de la calle sea porque están acostumbrados a tomar iniciativas para su propia sobrevivencia, que porque se someten difícilmente a las autoridades arbitrarias de un patrón y no soportan fácilmente la explotación que se propaga cada vez más en el país.

 

 

CUARTA FASE: la vida afuera de la calle

 

Las muchachas que han salido de la calle continúan recibiendo, si quieren, un apoyo por parte del Mojoca y están invitadas a apoyar a su vez, sus compañeras y compañeros que todavía viven en la calle.

 

Las Quetzalitas

 

Es un grupo de auto-ayuda que se reúne dos domingos cada mes y está compuesto sobre todo, por jóvenes madres. El objetivo es de crear un espacio de confrontación, amistad y auto-sostén entre mujeres salidas de la calle, y de profundizar la formación sobre la condición y los derechos de las mujeres y educación de los hijos.

Las Quetzalitas acogen las muchachas dispuestas a dejar la calle y otras situaciones muy problemáticas y manifiestan su solidaridad concreta hacia las madres que viven en la calle con los hijos.

Las Quetzalitas pueden servirse de los servicios del Mojoca: becas de estudio y formación profesional, ayuda para la búsqueda de una casa o para la formación de una micro-empresa, servicio de salud física y mental para ellas y sus propios hijos.

 

 

Nueva Generación

 

Los muchachos salidos de la calle tienen también su grupo que llamaron  “Nueva Generación”. Una vez a la semana, visitan grupos de calle para compartir con sus compañeros que todavía viven ahí y para explicarles qué es el Movimiento y la ayuda que puede dar para mejorar la propia vida.

 

Mariposas

 

Este grupo está compuesto por un centenar de niños y niñas, hijos e hijas de las muchachas y muchachos salidos de la calle. Están divididos en tres sub-grupos. Los que todavía no pueden caminar   y están confiados a niñeras que cuidan sobre todo su higiene personal; el grupo de los medios, de los 3 a los 5 años; y el de los grandes, de los 6 a los 12 años. Ellos mismos escogieron dar un nombre a su propio grupo, muy significativo, de Mariposas, que indica una metamorfosis. Nosotros damos una gran importancia a este grupo porque estamos convencidos que si estos niños y niñas reciben una educación sin violencia, que respeta sus derechos de personas asistiendo a la guardería, la escuela materna o primaria, podrán romper el círculo vicioso que favorece el regreso a la calle.

 

Las niñas y niños de este grupo se encuentran dos domingos al mes: para los más grandes es previsto actividades formativas, que dan la posibilidad de manifestar sus capacidades expresivas y de aprender a vivir en armonía con sus compañeras y compañeros.

 

Las psicólogas y las jóvenes del comité de gestión, que trabajan con este grupo, tienen cuidado a las condiciones de salud mental o física de cada niña o niño y, en caso de necesidad, se comprometen para ayudar los niños y niñas que tienen problemas de salud o son víctimas de maltrato en su familia.

 

Cada niño y niña recibe también una pequeña beca de estudio que permite a las madres de mandarlos a la guardería o a la escuela primaria. Las madres y padres de estos niños reciben también una formación que les ayuda a educar sus hijos con ternura.

 

Existen además los servicios: becas de estudio, de salud, psicológicos, asistencia legal, comedor.

 

Por una pedagogía alternativa, horizontal y liberadora

 

Esta pequeña pero significativa experiencia que se está llevando a cabo en Ciudad de Guatemala de una educación integral con los excluidos de los excluidos del sistema, nos lleva a reflexiones sobre una pedagogía alternativa a la existente que mire a la persona en su complejidad y que parta de metodologías educativas más adecuadas: no basta el derecho a la educación; es necesaria una educación de equidad, pertinente y de calidad. Basarse en estos principios es importante para ir al encuentro de las clases empobrecidas y menos favorecidas por una educación que tiende a homologar currículos, impartiendo lecciones rutinarias que no se acercan a la realidad de los educandos, donde sus culturas no son consideradas y con maestros que generalmente están preparados para responder a otros sectores sociales.

 

Con la autogestión en el Mojoca, las muchachas y muchachos decidieron abrir la escuela todos los días de la semana, no 3 veces a la semana como lo habían establecido los adultos por miedo de la poca asistencia a clases. Desde ese momento, el número de alumnos creció, ahora son alrededor de 40 muchachos y muchachas  en los distintos niveles de educación primaria en la Casa de la Amistad, sede del Mojoca , y la demanda de continuar la educación se vuelve cada vez más consistente. En los centros de educación estatales, siguen sus cursos de secundaria alrededor de 60 jóvenes, más unos 80 niños y niñas que van a las guarderías y escuela de primaria. Ya algunos van a la universidad. Todos son becados. Los jóvenes se interesan a los estudios partiendo de su propia realidad.

 

La educación que transforma es aquella que constantemente se pregunta sobre lo que hace y cómo lo hace, siguiendo la metodología de Paulo Freire: re-mirar las prácticas, re-pensar lo que hacemos, construir una pedagogía en el camino, contrariamente a una educación que reproduce la inequidad. Una educación pobre no ayuda a salir de la pobreza.

 

En este sentido, la pedagogía del Mojoca, asume características importantes:

- Trata de ofrecer a las muchachas y muchachos de la calle nuevos puntos de referencia, sobre todo adultos, alternativos a los ya vividos hasta ahora. A través de este contacto, hecho de amistad, solidaridad y competencia, es posible empezar a enfrentar muchos nudos no resueltos que obstaculizan la formación de una imagen positiva de si mismo, de un sentido de continuidad y  confianza en las propias capacidades. Es posible comenzar a visualizar un proyecto de futuro porque se tiene la conciencia de ser reconocidos en la propia dignidad;

 

- El centro educativo realiza esta primera formación de base necesaria para pasar a otras formas de instrucción. La escuela de alfabetización y la escuela primaria, en la Casa de la Amistad, son el puente para poder continuar con los estudios técnicos o superiores afuera de este ambiente protegido. Todo el centro es formación. Inclusive los talleres de pastelería, carpintería y costura, son lugares privilegiados para confrontarse con la realidad laboral que existe afuera y que un mañana tal vez será posible alcanzar.

 

- La intervención pedagógica va más allá de un centro escolar porque mira de manera integrada a todo un arco de la vida de cada una y uno de los participantes en el Movimiento: desde el momento del primer encuentro en la calle, hasta la decisión de proseguir con los estudios, formar una familia, encontrar una habitación y trabajo. Es la construcción de un proyecto de vida que se basa en todas las etapas y sus dificultades, inclusive la de la maternidad, donde se va al encuentro de la joven madre, de sus horarios de estudio, trabajo y atención al propio hijo o hija.

 

La flexibilidad en la metodología educativa, la adecuación de los currículos a las necesidades de los jóvenes, el apoyo continuado a las personas en dificultad, respetando sus ritmos de aprendizaje, la formación y concienciación de su propia condición de jóvenes, con la preparación en la historia política y cultural del propio país, con materias extra-curriculares sobre las drogas, el Sida,  la maternidad y paternidad responsable, hacen posible que los jóvenes se interesen cada vez más a los estudios y quieran proseguir con una educación técnica superior que les permita mejorar sus capacidades.

 

Más allá de los resultados obtenidos, este centro educativo tiene un significado distinto de una escuela normal porque es revestido de un tono afectivo aun más importante. El centro no es sólo un lugar físico sino que es, sobre todo, ese lugar simbólico donde es posible re-elaborar los afectos, reconstruirse un sentido de si mismo y del otro, basado en la confianza, en la estima y el respeto reciproco. Solo entonces es posible tomar conciencia de los propios derechos y dignidad humana. El proyecto del  Mojoca es por esto, ese símbolo de solidaridad y justicia que tienen un significado universal, pero que no puede quedarse aislado, es necesario crear una red, sea nacional que internacional para continuar con este proyecto de pedagogía alternativa.

 

Ya se han empezado a realizar contactos con otras realidades nacionales e internacionales por ejemplo, con la JOC latinoamericana, movimiento autogestionado de jóvenes trabajadores;  y los jóvenes del comité de gestión han participado a encuentros en México, El Salvador y Nicaragua con asociaciones que se ocupan de los jóvenes de las clases populares y los de la calle, en la perspectiva de poder conducir acciones comunes para la defensa de los derechos de esta población. Gracias a esta iniciativa, ahora ha sido posible realizar también el intercambio con el Manthoc.

En los tiempos actuales, con la globalización neo-liberal imperante, los problemas de los jóvenes no pueden encontrar una solución al interior de un solo país. Por esto es necesario que se pueda crear una red nacional y con organizaciones de otros países y con instituciones mundiales, a fin de incidir también en las políticas de los estados. Ya ha sido posible que muchachas y muchachos del Mojoca, elegidos por sus compañeros de la calle, realizaron viajes a  Italia y Bélgica para encontrar grupos solidarios, asociaciones juveniles y de barrios populares, alcaldes y responsables políticos, inclusive ministras  Los jóvenes del Mojoca están preparando el Social Forum de las Américas que se tendrá el próximo octubre, en la capital de Guatemala. Todas estas son pequeñas señales  para sensibilizar la condición de los jóvenes de la calle y establecer vínculos de solidaridad y de lucha común por la justicia, donde la educación es uno de los derechos fundamentales.

 

Nora Habed

Lima, 23 de julio 2008